La Voz Perdida

4-enero'2011 at 9:32 am (General)

Rescato este post de mi otra “página

Soy la Voz Perdida de un triste trovador pasivo. Que sentado en una esquina, la muerte espera. ¿Qué fue de sus planes? ¿Qué fue de sus risas? ¿Qué fue de sus letras? ¿Qué fue de su voz que ahora está dormida? Que ahora es mi esencia y en mi garganta se retuerce.

Criticado por su presencia y extrañado en su ausencia. Nunca hubo matiz. Nunca tuvo lombríz.

Su guitarra con tres cuerdas, pues no tiene dinero para seis. Su desgastada libreta de letras, que nadie quiso escuchar. La garganta curtida de este trovador suicida. Su muerte no es natural, puesto que su corazón dejó de latir hace siglos ya. Suspendido en un acorde grave de Do menor, en los ojos de una mujer.

Su sonrisa es una sonrisa vacía. En sus ojos, una mirada perdida. Sin rumbo, sus pasos. De su vida, sólo retazos.
Condenado a dejar de existir, a cegar su vida. De la que ahora sólo queda: Su Voz Perdida

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Cenizas con Libélulas

2-enero'2011 at 8:16 pm (General)

Una vez una ceniza volaba entre dos libélulas, que iban conversando acerca de lo importante de la fricción entre las piedras y el agua. Agua que corría a lo largo del río acariciando las algas y los peces. Peces que de vez en cuando se rascaban las axilas de los caracoles. ¡Caracóles! Dijo el marino cuando vio la bandera pirata del barco. Barco que había naufragado en el desierto junto a una vaca perdida. Perdida la canción que sonaba en aquel bar de mala muerte, en el que se juntaron mi abuelo y Dalí. Dalí pintaba un cuadro en el baño, mientras afuera hacía calor.

Calor hacía cuando llegó el hombre a la luna, y por eso tomaba refresco que venía en un envase gris. Gris el traje del viejo que iba todos los días al mismo café. Café derramado sobre las páginas de un libro que descansaba en un sofá. Sofá era sobre el que dormía una miga de polvo, que había viajado de día y de noche.

De noche era cuando vino el primer viento fuerte aquí en el callejón. Callejón en donde se peleaban a muerte dos moscas por un pedazo de pan. Pan había sido el desayuno del músico, que fumaba un cigarrillo y sacudía de su nariz, una ceniza. Ceniza que iba con las libélulas, mientras conversaban sobre la fricción entre las piedras y el agua.

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